por Dirma Pardo Carugati
Desde allí , hasta donde llegaba la vista , todo era monótono , una sabana grisácea en la que el camino de tierra , resquebrajado y ardiente , era una cicatriz en el pastizal agostado . De trecho en trecho , algunos cocoteros, únicos sobrevivientes de la sequía , se destacaban solitarios en el paisaje desolado .
El calor sofocante que sigue al mediodía obligaba a buscar refugio a la sombra . Los patrones dormían en la casa , tras las cortinas de arpillera ; los peones y los perros descansaban bajo un cobertizo improvisado con hojas secas de palma . Era la hora en la que ni hormigas ni lagartijas se atreven a salir de sus guaridas a desafiar la arena caldeada .
No había brisa, ni canto de pájaros , ni un murmullo . El mundo parecía aletargado .
Ahora , aterida de frío , en una noche oscura , lejos del que fue su hogar , Dinga recuerda aquella tórrida siesta de febrero y se pregunta si la llegada de aquel hombre y todo lo que sucedió después no fue sólo un delirio febril .
Sin embargo , todo ocurrió en realidad ; así lo tenía dispuesto su destino . Hoy , ella es libre como el viento y él está preso por tráfico de autos robados . Pero ella , en su simpleza, solo puede imaginarlo tal como lo vio por primera vez .
Aquella siesta, parecida a otras tantas , todos descansaban somnolientos y perezosos , con los ojos semicerrados a causa del resplandor de la resolana, cuando de pronto , como una aparición irreal entre los engañosos reverberos del horizonte, en medio de la polvareda, llegó el auto con ese hombre ...
La madre que se había echado a dormir en una vieja y rotosa reposera , fue la primera en darse cuenta de que un vehículo se acercaba . Primero levantó la cabeza , alerta , para escuchar mejor , luego despertó al capataz . entonces , también los otros empezaron a oir el jadeo convulsivo de un motor atorado .
Un polvoriento convertible rojo se detuvo frente a la tranquera abierta . El fulgor del sol sobre el cristal del parabrisas irradiaba destellos enceguecedores .
Los hijos de los peones pronto rodearon el automóvil desconocido ; no había muchas oportunidades de ver uno de cerca , aunque en los últimos tiempos, de tanto en tanto, cual visiones fugaces , vehículos de todos los colores pasaban velozmente , siempre con rumbo al norte .
Ante la presencia del extraño , los perros empezaron a ladrar , más por diversión que por bravura ; eso solían hacer con las liebres y las comadrejas . Conciliador , el capataz los aquietó y se acercó al forastero , a preguntar qué se le ofrecía .
Desde cierta distancia , Dinga curiosa pero tímida , miraba con atención .
Cuando EL abrió la portezuela . lo primero que ella vio fueron sus botas . Eran unas botas de cuero bruñido , de media caña , de las que usan los uniformados .
- ¿ Puede alguien enamorarse de un hombre solo por el encanto de sus botas ?
Algo así me sucedió, porque fui recorriendo con la vista , de abajo para arriba , la figura del recién llegado y cuando alcancé la altura de sus ojos pardos , ya estaba desde antes , irremediablemente enamorada .
Mamá , desconfiada como siempre , lo miraba con recelo . Solo un trotamundos o un fugitivo habría acertado a pasar por este paraje perdido donde vivimos por la obstinación del patrón que sigue buscando petróleo ."
Pero el extraño solo quería agua y estaba dispuesto a pagarla. Venía de lejos y se iba lejos, sin embargo , no parecía estar extraviado ni demostraba tener prisa .
Hizo varias veces el trayecto desde el brocal del pozo artesiano al automóvil, mientras Dinga , arrobada , no podía dejar de mirarlo.
Era muy alto , sus pantalones de mezclilla ceñidos a sus largas piernas, destacaban su estatura y un grueso cinturón con hebilla de bronce - cuya dureza ella después conocería - le marcaba la cintura estrecha. En el pecho, la camisa entreabierta dejaba asomar una maraña de vello ensortijado donde brillaban gruesas gotas de sudor . Su cara , agradable y joven , mostraba , no obstante , el flagelo de la intemperie. Sus cabellos, despeinados por todos los vientos , se habían teñido del color de los caminos .
En un balde de latón cargó el agua y la vertió en el radiador candente . Con un chistido intenso, el líquido empezó a hervir a borbotones , hasta que se aplacó la furia del metal sediento.
El hombre bebió el ultimo sorbo del cubo ; luego de recargar su cantimplora . agradeció al capataz con un apretón de manos y empezó , lentamente , a dirigirse a la salida .
" Pasó a mi lado y se detuvo . Por fin parecía verme. Me observó por un momento, no sé si con simpatía o por pura curiosidad. Yo sabía que era fea ; muchas veces habían dicho frente a mí , que de todos los hijos que había tenido mi madre - de distintos padres, desde luego - yo era la menos favorecida por la naturaleza .
El forastero segurito pensaba lo mismo, pero tal vez por lástima , extendió la mano y sin atreverse a una caricia , me palmeó compasivamente la cabeza .
Todo mi cuerpo vibró al contacto de su mano . Era el instante preciso : ahora o quien sabe , nunca . Y tomé la decisión " .
La madre de Dinga se dio cuenta de todo .. Se adelantó unos pasos pero no intentó detenerla ; sabía que sería inútil. Los hermanos se inquietaron. El mayor la miró con reproche . Pero nadie hizo nada ; parecía que todos habían comprendido que aquello que fatídicamente habría de ocurrir alguna vez , finalmente estaba sucediendo.
" Aunque yo no hablaba su idioma y tal vez él no comprendiera el mío , le supliqué al viajero que me llevar consigo
El titubeó . No sé si estaba sorprendido o cavilaba sobre la posibilidad de hacerse cargo de mí . Pero mis ojos implorantes le urgían a decidirse " .
Desconcertado , el hombre miró a la madre ; ella fingió indiferencia oteando la lejanía . Se dirigió al capataz con un gesto interrogante , y éste , con un guiño cómplice le contestó : " Puede servir de compañía " .
" El , nada más me hizo una seña y empezó a dirigirse al automóvil . Yo caminé a la par . Abrió la portezuela y sin ninguna cortesía me dijo : " Cuidado con el tapizado ; lo tengo que entregar sin un rasguño " . Pero yo no me iba a ofender por eso . Me acomodé a su lado , resuelta a seguirlo hasta la muerte . "
Echo una ultima mirada a la casa donde había nacido , miró a su madre y a sus hermanos, pero no sintió remordimientos ni tristeza . Y se alegraba de que los patrones no la vieran partir , total nunca les importó bastante .
" Ahora tenía un nuevo patrón , haría lo que él quisiera , iría donde él me llevara y no me incomodaría aunque tuviese que dormir en el suelo , junto a sus botas . Solo quería estar con él ." La vida será distinta "- pensé . Y por supuesto que lo fue .
No recuerdo exactamente cuánto tiempo duró nuestro absurdo deambular. Ignoraba por qué hacíamos varias veces el mismo trayecto pero con diferentes vehículos .
Aquella primera vez, cuando por fin llegamos donde debía quedarse el convertible rojo, me di cuenta de que para nosotros , ese no era un punto de llegada.
Cuando subimos al jeep que nos dieron para el regreso , mi amo, ceñudo , escupiendo maldiciones me dijo : " Nosotros no tenemos amigos " , mientras contaba su dinero con disgusto. "vos sos la única que nunca pide nada " .
Y volvimos hacia el sur y luego volvimos a empezar ...
Vagaban por caminos que llevaban a poblados pequeños o a dilatadas planicies desiertas . Paraban en gasolineras o en algún motel de mala muerte si el clima lo exigía . Otras veces , se acostaban sobre la tierra , cara al cielo , mirando el silencioso titileo de millones de estrellas . Entonces , ella se apoyaba en él , con la cabeza sobre sus piernas y él hablaba largamente, como si confesara su vida , sin esperar respuestas , tal cual como si solo hablara para escucharse a sí mismo , hasta que se quedaban dormidos. Despertaban cuando el sol empezaba a empujar la noche . Entonces recomenzaban la nómada aventura.
" Tengo muchos recuerdos , buenos y de los otros . a veces el hallazgo de un riacho nos deparaba gozosos chapuzones o silenciosa pesca , por el mero gusto de atrapar a los esquivos peces . También intentábamos cazar mariposas o atrapar pajaritos desprevenidos en los matorrales .
Un día, de un escondrijo del coche sacó una pistola y me apuntó riendo . No me gustaban esas bromas ; muchas veces había visto entre la peonada cómo funcionaban las armas . Sabía que me hallaba indefensa y aunque retrocedí por instinto , hubiera sido en vano tratar de defenderme .Entonces , lentamente , él giró hacia su izquierda, apuntó al promontorio de un hormiguero y disparó con un ojo cerrado . " No hay que perder la puntería " ,comentó satisfecho , a manera de explicación .
Era en esos momentos cuando yo veía en sus ojos ese brillo que no me gustaba, que me daba miedo. No obstante , yo no me podía quejar ; una sola vez que desobedecí una orden, sentí sobre mi espalda el chasquido de su cinturón . El dolor y la tristeza me tuvieron mal un tiempo, pero pronto aprendí a conocer su humor variable y procuraba no irritarlo .Yo no pedía mucho para ser feliz . Aquel día cuando resolví irme con él , ya había quedado establecida nuestra relación : " Yo lo amo y él es el amo " . Eso bastaba para mí . Lastimosamente , no era suficiente para él.
Lo comprendí una noche , cuando regresábamos de una entrega . Una lluvia terca nos obligó a pernoctar en un parador del camino . Estábamos en el cuarto, después de la cena y yo lo notaba serio y silencioso . Lustraba cuidadosamente sus botas - que dicho sea de paso , nunca me dejó limpiarlas. De pronto , se incorporó , miró su reloj pulsera, quedó un momento inmóvil y luego, con decisión , tomó el teléfono y marcó unos números .Esta vez no eran negocios .( De todos modos, luego habría de lamentar haber hecho esa llamada delatora ). Hablaba suavemente , susurraba , pero también escuchaba . Su semblante había cambiado , animado por una sonrisa que ya casi había olvidado . Yo fingía dormir , asustada por malos pensamientos .
Cuando terminó su conversación , con una alegría que no le conocía , me alzó en sus brazos y me estrujaba mientras repetía :" Nos vamos a casa , Dinga , ¡ a casa !"
A la mañana siguiente, había terminado la lluvia . Y empezó nuestro viaje , esta vez con rumbo fijo .
Con pena me di cuenta de que llegaba el otoño , con un viento fresco que traveseaba con las hojas caídas .
Llegaron a un pueblo y a medida que se internaban en él , crecía el bullicio . Ella nunca había estado en una ciudad , en cambio el conductor conocía muy bien sus callejuelas ; pronto llegó donde quería . Se detuvieron ante una casa de altas rejas. Una mujer joven salió corriendo con los brazos extendidos.
Apenas tuvo tiempo mi patrón de bajar del jeep y ponerse de pie, que ya estaban
abrazados, besándose y besándose . Yo no entendía si reían o lloraban o hacían las dos cosas a la vez .
De pronto , la mujer me vio .Allí estaba yo , como una tonta , sin saber qué hacer.
- ¡ Dios mío , qué fea ! ¿ De dónde salió esa vagabunda ? - exclamó .
- Dejala , es inofensiva . Puede dormir en la cocina - dijo él .
Esa noche , mientras oía las risas de placer en el cuarto contiguo , mientras imaginaba a los amantes en un abrazo interminablemente renovado , mientras escuchaba las tiernas palabras para mí desconocidas , tome las botas y las destrocé cuanto pude , con los dientes y con las garras.
Salí a la calle, justo cuando llegaban los policías que habrían de arrestar a mi ultimo dueño .
Tienen razón - me dije - . soy una perra vagabunda y ya no quiero tener más amos .
Corrí hacia la esquina , donde otros perros ladraban .
Diciembre 1998
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