COSAS QUE PASAN AHORA
    por Dirma Pardo Carugati
    
    Jamas lo hubiera esperado . Mi tragedia comenzó cuando Celia me dijo “ Mamá , me voy a separar de  Alejandro ;  vuelvo a casa “ .  El piso se me inclinó , el techo empezó a dar vueltas ,  pese al calor empecé a sentir frío . En fin : una sorpresa parecida a un susto . Hasta entonces yo había estado andando  por un sendero de flores  , bajo un cielo luminoso, sin nubes.
    Yo llevaba una vida tranquila en mi chalet de Recoleta . Mi hija estaba bien casada , ya me había resignado a mi temprana viudez  y había llenado mi vida con el cultivo de orquídeas , la beneficencia , los  juegos de cartas en el club y la visita semanal de los nietos.   Y de repente , todo se desmoronaba .
    Antes de empezar a preguntarle a Celia qué motivos  la habían llevado a tomar tal decisión , ya pensaba yo que ella estaba adoptando la actitud equivocada . ¿ Qué es eso de separarse ? .
 
    ¡ Pero qué a la ligera se  toma  ahora  el matrimonio !  . Pareciera que se casan “ a prueba“  , no como en mi generación que el casamiento  era “ a toda prueba “ , para siempre , “ hasta que la muerte nos separe “.
    Pero claro , no soy un ogro , el amor maternal pudo más que mi disgusto  y  me solidaricé con ella , preguntándole qué le había hecho el malvado . Pero ese era mi día de sorpresas : la respuesta fue “ Nada , él no me hizo nada malo . Pero quiero separarme , mamá ; esto  no puede continuar “ .
 
    Yo seguía insistiendo ;  me imaginaba cosas horribles : que Alejandro tenía “ otra “ , que era bebedor , que maltrataba a mi hija ,  hasta llegué a pensar que era homosexual  . Pero no , no era nada de eso . Y entre las virtudes que  Celia le reconocía  a Alejandro figuraba la  ser “ buen marido y buen padre “ . Dios mío , solo en ese momento me acordé de los chicos .  ¿Pero qué será de esas criaturas adolescentes con la pérdida  del   padre ?  Mi hija ,  tan tranquila  ,  tenía una respuesta  para todo . Me  trató de “ ridícula “  , puesto que  los chicos seguirían  viendo a su papá   , ya que  ella no se opondría a que  salieran con él cuando quisieran .
    Finalmente como yo hacía tanto escándalo , me conminó a que respondiera de una  buena vez si podía o no contar conmigo.  En ese momento , no alcancé aún a comprender   qué significaba “ contar conmigo “ , pero por supuesto , en las crisis ,   estamos para apoyar  a los hijos , aunque éstos  hayan crecido , aunque ya hayan abandonado el nido .
    La operación “ retorno al hogar materno  “ se produjo casi inmediatamente .  Se acomodaron tres camas en un abrir y cerrar de ojos . Mi salita de juego tenía un placard de modo que era apropiada  para un dormitorio .  En cuanto a mi  pieza  , en realidad era muy grande , para qué quería tanto espacio , mejor pondríamos  allí a mis nietos  ;  el “ estar “  sería  el lugar de hacer los deberes ,  la cocina se vio enriquecida con otra heladera , un horno de micro ondas y varios enseres que jamás supe que existieran.
    Y luego empezaron a llegar los demás muebles y las  bicicletas y la  computadora y los  televisores  y el gimnasio portátil de Celia .
    Todo se iba acomodando con la  satisfacción plena  de mis nuevos inquilinos  que a cada momento descubrían “ el lugar ideal “ para  cualquier  cosa , de ellos ,  a costa de cualquier cosa mía ,  que allí había estado por años .
    Lo que no había tenido en cuenta  hasta  entonces  era  que  la vuelta de mi hija al hogar , con sus hijos , claro está ,  también incluía una empleada y un perro. “ No creas  que vamos a abusar ;  tu vieja Tomasa  necesitará ayuda “ , decía Celia , mientras ubicaba  la cama , la cómoda y  el ropero de su empleada , en la pieza de Tomasa .
    Con respecto  al  perro , la adaptación fue más difícil;  el pobre no estaba acostumbrado a  la casa . De noche aullaba , de día corría rompiendo macetas  y no simpatizaba para nada con mi gata regalona , la  que finalmente  optó por mudarse al techo del vecino.
 
    Celia me había aclarado  -  en unos de esos pocos momentos en que se dignaba a hablar de lo que estaba pasando - que no me preocupara , por todo era  “ provisorio “ , que era como una transición ,  para no hacer un cambio violento con los chicos , que de este modo aceptarían mejor la situación teniendo a una abuela cerca .
 
    Por supuesto la vida continuaba , sin muchos cambios  para los niños ,  que tienen una capacidad de adaptación increíble  , para Celia , que continuaba con su trabajo de arquitecta y decoradora   y todos  se encontraban tan a gusto que cada vez se hablaba menos de la casa que Celia iba a alquilar . Todos contentos  menos yo , claro .
    Cada día me resultaba más difícil hallar mis cosas . El baño era un campo de batalla donde mi colección de frascos de perfume fue sustituida por el arsenal de belleza de Celia, los nuevos  cepillos de dientes  y los tubos de pasta dental siempre abiertos  , por  las numerosas  toallas -  que más  parecían alfombras por su rara  ubicación - y   por la invasión de la   insospechada cantidad de ropa sucia que pueden generar dos criaturas  estudiantes  y deportistas .
    Ya que mi espacio físico día a día se volvía más estrecho  , decidí  que por lo menos me mantendría  firme en  mis costumbres . Pero  tuve que pedir a mis amigas del grupo de reflexión que me excusaran de recibirlas en casa , porque los chicos tienen que estudiar.
    Muy  pronto me  percaté  de  que mi teléfono estaba permanentemente ocupado ;  si no eran las llamadas de los chicos  que se convertían en conferencias interminables , era  la conexión de internet. La  televisión , funcionaba durante todo el día , aunque nadie  estuviera observando ningún   programa .  No tardé mucho en  comprobar  qué cosa resultaron ser los cajones negros que acompañaban al equipo de sonido , artefacto éste que entró a ocupar  el lugar de mi anacrónico “ combinado “  que no sirve para  tocar los  "ci di" de laser. La predilección  musical de mis nietos -   según  me explicaron sin mucho éxito,   es  el género  “  heavy metal “ o metal pesado . Realmente , a juzgar por  los altos decibeles a que puede llegar la unidad sonora , deben  de  ser metales tan  pesados como tanques de guerra los que se trituran a golpes  para lograr ese estrépito  que no sé por qué  llaman  música .
    En medio de ese caos , crecía  mi angustia por la situación de mi hija  . Después comprendí que ella , con mucha astucia , había retrasado la confidencia de sus problemas hasta estar debidamente instalada en mi casa , por la dudas .
    Celia ,  criada por un  padre  como el que tuvo y por una  madre como la que soy  , Celia,   educada en un  colegio de monjas y en la universidad católica , Celia , sí , ella misma ,  estaba enamorada de otro hombre . Se vanagloriaba de ser muy honesta porque se lo había confesado a Alejandro  y en un rasgo de lealtad - decía -  había resuelto dejarlo .
Mi hija me contó  que estaba “buscando su espacio",  no para mudarse , no vayan a creerlo,  sino su espacio el que tenía derecho como mujer .  No obstante , según mi opinión , ella  se estaba comportando como un hombre . Salía a trabajar , traía dinero a  la casa , ya no tenía tiempo para nada y trataba por todos los medios que tanto sus hijos como yo aceptáramos a su nuevo novio y a los hijos de éste .
    ¡ Menos mal que mi difunto esposo ya no tenía  que presenciar eso ! De haber estado vivo,  hubiera muerto de apoplejía .
    Esta noche no se porqué causa salieron todos y me quedé  felizmente sola . Fui hasta la que alguna vez  fue mi biblioteca  a buscar algo para leer y no tener que pensar . En  medio de un montón  cajitas con cintas de video  encontré este libro que creí que había perdido . Es Bestiario ,  de Cortazar  . Y ahora , luego de armar mi sofá - cama , aquí donde ahora duermo , me dispongo al leer el primer cuento .
Se llama  “Casa tomada " .
                                                                                                                                                                      9 de noviembre de 1998



 

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